Magistral ejercicio del plano secuencia por parte del mago del suspense.
Había oido hablar de esta película antes de verla, así que iba sobre aviso. No obstante, el ejercicio de ver una película de 77 minutos rodada en un único plano-secuencia resulta simplemente deslumbrante. Y que esa película no resulte pesada ni repetitiva, sino todo lo contrario, es algo que sólo está al alcance de genios como Alfred Hitchcock. Es ésta una película de 1948, realizada antes de algunos de sus éxitos más conocidos para el gran público como Vértigo, La ventana indiscreta o Crimen perfecto, de la mano de uno de sus actores fetiche: James Stewart.